jueves, 15 de julio de 2021

 

Crónicas Inocuas N° 12

 

AL DR. ENRIQUE MACHICADO ZÚÑIGA

 

El médico que no entiende de almas no entenderá cuerpos.

 José Narosky

 

Me es realmente difícil empezar a describir a mi entrañable amigo de vida, compañero de aula, compadre y casi hermano, nuestro querido Kike o Machi, como lo llaman los compañeros, amigos promocionales y también en familia. Y difícil porque empezar por alguna de sus muchas cualidades, sería como postergar otras y por ello me he decidido a describirlo como lo conozco desde hace casi 60 años, como un hombre de corazón noble y un médico excepcional.

 

Es evidente que tuvo un gran ejemplo y soporte familiar, su padre el Dr. Enrique Machicado Zavala, tuvo también una trayectoria impecable, fue cirujano general egresado de San Fernando y uno de los fundadores de la Universidad “Cayetano Heredia”, en donde llegó a desempeñarse como Vice-Rector. Su madre, Doña Ivy Zúñiga crio amorosamente a sus nueve hijos. Tuve la suerte de conocer a esa gran familia hace mucho tiempo atrás y asistir a reuniones en la casa paterna de Pueblo Libre, en donde Don Enrique papá, hacía gala de sus cualidades artísticas para cantar tangos como “Yira”, “Percal” o “Por una Cabeza”, algunas veces a dúo con mi “Cumpa”, Lucho Ramírez. .

 

Soy testigo presencial de la enorme cola de pacientes y familiares que lo seguían diariamente por los amplios corredores del Hospital “Arzobispo Loayza”, tratando de que sea ÉL, quien los atienda, ya que era conocida su extraordinaria capacidad profesional, su humildad, atención y respeto para cada persona o paciente que trataba.

 

En el Hospital “Arzobispo Loayza”, SU hospital, en donde laboró 39 largos años, Machi es casi una leyenda. Desde Médico Residente en el ’84 a Director General en el 2018, siempre mostró la misma empatía y respeto con sus colegas, enfermeras, auxiliares y otros colaboradores.

 

Si doy un salto cuántico en el tiempo y me ubico en las aulas salesianas de los ’60, lo veo vivaracho, solidario, juguetón, pelotero y estudioso. Siempre tenía tiempo para todo y para todos. Su hermano Jorge, gran amigo también, es egresado salesiano de la Promoción ’69.

 

La salesianidad lo marcó de por vida, y cuando un compañero de promoción, exalumno, oratoriano o familiar de ellos acudía a él, pues su preocupación siempre era mayor, cariñosa y afectuosa, aun cuando hace tres años, su alta responsabilidad lo absorbía, se daba un tiempo para ellos. Son aquellos salesianos los que nos han solicitado estas líneas, como un modesto reconocimiento a su apoyo incondicional que les devolvió la salud y muchas veces, la vida.

  

Ahora me es casi imposible recordarlo sin su impecable mandil blanco visitando a sus pacientes, gerenciando el Hospital, atendiendo en su consultorio o dando cátedra en varias universidades del país.

 

Kike se entregó en cuerpo y alma a la medicina, sacrificando horas de descanso y de dedicación a la familia, sin embargo, ello no fue óbice para que su ejemplo de vida calara profundamente en sus cuatro hijos, los tres varones también salesianos y ahora dos de ellos médicos exitosos, Luis Enrique siguiendo la carrera de su padre también en el Hospital “Arzobispo Loayza” y Jorge David siendo un prestigioso médico en los EE.UU. El mayor Juan Daniel es un gran administrador de empresas y Claudia Inés es una bióloga que se desarrolló en Europa

 

Dicen que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer” y Sarita, su esposa de toda la vida, con quien se casó muy joven en el lejano diciembre del ’74, fue su compañera, su confidente y la guardiana que cuidaba celosamente sus escasas horas de descanso en el hogar, hasta hace muy poco.  

 

Nunca faltaba los 24 de mayo con Sarita, acompañando la Procesión, como tampoco a las “Clases del Recuerdo” que celebramos los salesianos, cada cinco años. Enrique también fue Presidente de nuestra Promoción, hace poco tiempo atrás.

 

En los viajes que ha hecho al interior del país, innumerables alumnos de pre y post grado lo han ubicado, saludándolo, agradeciéndole, invitándolo, recordándole momentos y anécdotas que eran tantas que le es difícil precisar cada una, pero los jóvenes profesionales se las detallan y le agradecen siempre, no solo la trasmisión de la pericia médica y la experiencia acumulada, sino también su calidad de persona que los ha marcado y los ha hecho mejores seres humanos.

 

Hoy ya retirado voluntariamente del hospital, dedicado a atender en su consultorio a sus pacientes, goza de doce nietos, los cuales también ya empezaron a desarrollarse profesionalmente y hay por lo menos tres que quieren seguir la vena del prestigioso y querido abuelo.

 

Gracias también Kike en nombre de esos innumerables pacientes que sus nombres y rostros los difumina el tiempo. Ese largo trajinar profesional y humano, que durante 39 largos, sacrificados pero hermosos años entregaste a los más humildes y necesitados del país, son tu orgullo, el de tu familia y el de toda tu Promoción ’68.

 

Tus padres, Sarita, Don Bosco y nuestra madre María Auxiliadora, bendicen tu entrega ejemplar y con ello a tus amados herederos, por siempre.

 

Un gran abrazo amigo, hermano, querido promo, Dr. Enrique Machicado Zúñiga.

 

José Fernández P.

Julio del 2021

 


 

 

 


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