Crónicas
Inocuas N° 12
AL
DR. ENRIQUE MACHICADO ZÚÑIGA
El médico que no entiende de almas no
entenderá cuerpos.
José Narosky
Me es realmente difícil empezar a
describir a mi entrañable amigo de vida, compañero de aula, compadre y casi
hermano, nuestro querido Kike o Machi, como lo llaman los compañeros, amigos
promocionales y también en familia. Y difícil porque empezar por alguna de sus
muchas cualidades, sería como postergar otras y por ello me he decidido a
describirlo como lo conozco desde hace casi 60 años, como un hombre de corazón
noble y un médico excepcional.
Es evidente que tuvo un gran ejemplo y
soporte familiar, su padre el Dr. Enrique Machicado Zavala, tuvo también una
trayectoria impecable, fue cirujano general egresado de San Fernando y uno de
los fundadores de la Universidad “Cayetano Heredia”, en donde llegó a
desempeñarse como Vice-Rector. Su madre, Doña Ivy Zúñiga crio amorosamente a
sus nueve hijos. Tuve la suerte de conocer a esa gran familia hace mucho tiempo
atrás y asistir a reuniones en la casa paterna de Pueblo Libre, en donde Don
Enrique papá, hacía gala de sus cualidades artísticas para cantar tangos como
“Yira”, “Percal” o “Por una Cabeza”, algunas veces a dúo con mi “Cumpa”, Lucho
Ramírez. .
Soy testigo presencial de la enorme cola
de pacientes y familiares que lo seguían diariamente por los amplios corredores
del Hospital “Arzobispo Loayza”, tratando de que sea ÉL, quien los atienda, ya
que era conocida su extraordinaria capacidad profesional, su humildad, atención
y respeto para cada persona o paciente que trataba.
En el Hospital “Arzobispo Loayza”, SU
hospital, en donde laboró 39 largos años, Machi es casi una leyenda. Desde
Médico Residente en el ’84 a Director General en el 2018, siempre mostró la
misma empatía y respeto con sus colegas, enfermeras, auxiliares y otros
colaboradores.
Si doy un salto cuántico en el tiempo y
me ubico en las aulas salesianas de los ’60, lo veo vivaracho, solidario,
juguetón, pelotero y estudioso. Siempre tenía tiempo para todo y para todos. Su
hermano Jorge, gran amigo también, es egresado salesiano de la Promoción ’69.
La salesianidad lo marcó de por vida, y
cuando un compañero de promoción, exalumno, oratoriano o familiar de ellos
acudía a él, pues su preocupación siempre era mayor, cariñosa y afectuosa, aun
cuando hace tres años, su alta responsabilidad lo absorbía, se daba un tiempo
para ellos. Son aquellos salesianos los que nos han solicitado estas líneas,
como un modesto reconocimiento a su apoyo incondicional que les devolvió la salud
y muchas veces, la vida.
Ahora me es casi imposible recordarlo
sin su impecable mandil blanco visitando a sus pacientes, gerenciando el
Hospital, atendiendo en su consultorio o dando cátedra en varias universidades
del país.
Kike se entregó en cuerpo y alma a la
medicina, sacrificando horas de descanso y de dedicación a la familia, sin
embargo, ello no fue óbice para que su ejemplo de vida calara profundamente en
sus cuatro hijos, los tres varones también salesianos y ahora dos de ellos
médicos exitosos, Luis Enrique siguiendo la carrera de su padre también en el
Hospital “Arzobispo Loayza” y Jorge David siendo un prestigioso médico en los
EE.UU. El mayor Juan Daniel es un gran administrador de empresas y Claudia Inés
es una bióloga que se desarrolló en Europa
Dicen que “detrás de un gran hombre hay
una gran mujer” y Sarita, su esposa de toda la vida, con quien se casó muy
joven en el lejano diciembre del ’74, fue su compañera, su confidente y la
guardiana que cuidaba celosamente sus escasas horas de descanso en el hogar,
hasta hace muy poco.
Nunca faltaba los 24 de mayo con Sarita,
acompañando la Procesión, como tampoco a las “Clases del Recuerdo” que
celebramos los salesianos, cada cinco años. Enrique también fue Presidente de
nuestra Promoción, hace poco tiempo atrás.
En los viajes que ha hecho al interior
del país, innumerables alumnos de pre y post grado lo han ubicado, saludándolo,
agradeciéndole, invitándolo, recordándole momentos y anécdotas que eran tantas
que le es difícil precisar cada una, pero los jóvenes profesionales se las
detallan y le agradecen siempre, no solo la trasmisión de la pericia médica y
la experiencia acumulada, sino también su calidad de persona que los ha marcado
y los ha hecho mejores seres humanos.
Hoy ya retirado voluntariamente del
hospital, dedicado a atender en su consultorio a sus pacientes, goza de doce
nietos, los cuales también ya empezaron a desarrollarse profesionalmente y hay
por lo menos tres que quieren seguir la vena del prestigioso y querido abuelo.
Gracias también Kike en nombre de esos
innumerables pacientes que sus nombres y rostros los difumina el tiempo. Ese
largo trajinar profesional y humano, que durante 39 largos, sacrificados pero
hermosos años entregaste a los más humildes y necesitados del país, son tu
orgullo, el de tu familia y el de toda tu Promoción ’68.
Tus padres, Sarita, Don Bosco y nuestra
madre María Auxiliadora, bendicen tu entrega ejemplar y con ello a tus amados
herederos, por siempre.
Un gran abrazo amigo, hermano, querido
promo, Dr. Enrique Machicado Zúñiga.
José Fernández P.
Julio del 2021
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