Crónicas
Inocuas N° 14
Nuestros Increíbles 70 y “La Década Brava”
Los ’70 marcaron una época para los que,
en esos años juveniles, empezábamos estudios superiores, otros a trabajar, luego
a “cazarnos” y empezar vidas independientes, por lo que deseo solo darle un marco
global a ese período inolvidable para nosotros y cerrar con los otros 70 que
estamos empezando.
No fue un inicio auspicioso
políticamente hablando, eran épocas del Gobierno Militar, de la prensa
amordazada, de Telecentro y los diarios capturados por el Gobierno dizque
“Revolucionario”; de los directores de las principales revistas opositoras,
exiliados junto a FBT y su “página 11”; del SINAMOS de Leónidas Rodríguez
Figueroa; de una “Reforma Agraria” sin pies ni cabeza; de las calcomanías en los
automóviles por la falta de combustible; de los hallazgos petroleros en
“Trompeteros “, “Pavayacu” y “Capirona”, presagiando que por lo menos seríamos
“una segunda Venezuela” (por ahí vamos ahora..); del frustrado concierto de
Santana en el Estadio de San Marcos, de las protestas universitarias contra la
dictadura y en las que varias veces me
salvé por un pelo de terminar en Seguridad del Estado, con una soberana golpiza;
de la caída de “Juan Pueblo”, “Juan sin Miedo” y no recuerdo que más epítetos
tuvo Velazco. Del endeudamiento elefantiásico por la adquisición de armamento soviético
de última generación que hacía presagiar que esta vez agarraríamos a Chile con
“los pantalones abajo”, pero todo no pasó de puro “bururú”. La escasez de una
red telefónica eficiente y los famosos “rin”, que muchas veces nos eran casi
vitales y la sombra de un tsunami económico que empezaba a despertarse, demostraban
nuestro clásico baile peruano, “un pasito pa’ delante y dos pa’ trás”. Morales
Bermúdez tomó la última posta en una “carrera de caballos y parada de burros”.
También afectó a nuestros juveniles
corazones universitarios, el Golpe de Estado de Pinochet, la muerte de Allende
en “La Moneda” y de cientos de sus seguidores en el Estadio Nacional de
Santiago, en Chile; así como el sangriento Gobierno de Videla en Argentina. El reverso de la
represión triunfante, era la vigencia “revolucionaria” de los “Tupamaros” en
Uruguay, que venían sacudiendo el sistema político charrúa desde los ’60, su mitigación demostró que la
violencia terrorista no era la mejor alternativa, pero sí un llamado de
atención social, desde lo más profundo del pueblo ignorado.
El mundo observó asombrado como, por
consecuencia de esa increíble libertad de prensa gringa que destapó el
escándalo de Watergate, Richard Nixon salió de la Casa Blanca con una patada en
el culo. Bob Woodward y Carl Berstein, ganaron el Pulitzer. Para no creerlo. Y por
Perusalen, se haría famosa la frase de Ernesto Galeano: ”Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos”. Toma,
mientras.
Los asesinatos de siete miembros de la
Delegación Judía por “Septiembre Negro” en las Olimpiadas de Múnich, nos
recordaron el horror de la discriminación y la muerte en los “Campos de Concentración”
de Auschwitz, Dublín o
Bergen-Belsen; el conflicto árabe-israelí se agudizó cada vez más; las
“Brigadas Rojas” que asesinaron al demócrata cristiano Aldo Moro en Italia y la
persecución mundial por la Interpol de “Carlos”, el terrorista más buscado del planeta,
confirmaba que el mundo nuevamente convulsionaba.
España entró a una nueva era luego de la
muerte del Generalísimo Francisco
Franco y la ascensión de Juan Carlos I, Idi Amín Dada canibalizaba hasta el poder
en Uganda; mientras tanto, los protestantes de Belfast, como los católicos de Dublín
no se daban tregua en una matanza fratricida. Era el inicio de otra metástasis casi
mundial.
El
mundillo intelectual, aplaudía el “boom latinoamericano”, las obras de MVLL, Alfredo
Bryce, el Gabo, JR Ribeyro, JL Borges, Ernesto Sábato, JC Onetti y otros eran devoradas
por doquier, sobre todo en Europa. Esta vez “sacamos pecho” ante el orbe que aún
nos miraban con plumas en la cabeza. Como diría la futura congresista Susy
Díaz: “Ya basta no, ya basta”.
“Mafalda aún hacía reír con inteligencia
a media América Latina. ¿Y la otra mitad? Seria, muy seria.
La institucionalización de la tecnología
computacional en nuestros quehaceres laborales ya se había iniciado y cargar
cajas de tarjetas perforadas para su lectura en las enormes computadoras IBM,
era cosa de todos los días; mientras, la informática ya iba infiltrándose de a
pocos en nuestra vida personal.
Los terremotos del ’70 y ’74, nos
sacudieron tanto como la algarabía por la clasificación de nuestra adorada
blannquirroja, a México ’70 y Argentina ‘78. La disputa de la Copa Libertadores
de América, entre la “U” e Independiente de Avellaneda, marca a nivel de clubs,
el alto estándar de nuestro fútbol, siendo el primer equipo peruano que llegó a
disputar una final. Nuestras “matadoras” no se quedaban atrás y en esa década
obtuvieron cinco campeonatos sudamericanos. Akira Presidente…Akira
Presidente…!!
La desintegración de “The Beatles”, nos
dolió tanto como no clasificar al Mundial de Alemania y gracias al “Gobierno
Revolucionario de la Fuerza Armada”, los tonos eran “de toque a toque”, bailando
toda la noche con los LP de Rulli Rendo, de la “Fania All Stars” de Johnny
Pacheco, con “Calculadora” y “Miel de Caña” de Óscar De León, o con “Pedro
Navaja” y “Plástico” de Rubén Blades. Finalmente, con los eternos valses “Perú
Campeón”, “Y se llama Perú”, más que bailarlos los tomábamos a pecho, “seco y volteao”.
La muerte también enlutó la música de
nuestros nóveles años, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison líder de “The
Doors” y “El Rey”, Elvis Presley, partieron por unas “pasadas de vuelta”
bravazas. “El Rock de la Cárcel”, aún
sigue sonando fuerte por acá.
El cine también aportó lo suyo y películas emblemáticas como “La Naranja Mecánica”, “El Padrino”, “Patton”, “El Último Tango en París”, “El Gran Jefe”; “Apocalypse Now”, “Chinatown”, “1900” y “Rocky”, son films que hasta ahora son un vicio volverlos a disfrutar. Hace poco fui a ver “El Padrino I” en pantalla grande, en homenaje a los 50 años que cumplía desde su estreno. Al final el público satisfecho otra vez, aplaudió como en él teatro, esta situación solo la viví cuando se estrenó “Zeta” de Costa-Gavras, allá por el ’71. Remember…?
En el celuloide la partida del “eterno
vaquero” John Wayne y la súbita e inexplicable muerte del “ídolo del Kung Fu”, Bruce
Lee, enlutaron los cines.
La instauración de la Constituyente del
’79 y la muerte de Haya de la Torre, fueron los hechos políticamente
trascendentales que marcaron el final de la vertiginosa década setentera. Es, en
ese contexto, que nos tocó vivir nuestros “locos
años 20”, variopinto periodo que nos impactó a lo largo de nuestro
recorrido vivencial.
En ese lapso nos afianzamos
como personas, como trabajadores, como cabezas de familia y también como hijos.
Es necesario precisar que nuestra base educativa escolar fue una de las últimas
que tuvo
instrucción, cultura, arte, disciplina y deportes como partes integrantes del
Programa Escolar Anual; ése a mi criterio, fue el cimiento que, sumado a la
solidez universitaria de la época, nos permitió edificar nuestras actividades
académicas, laborales y también, porque no decirlo, afianzó las personales.
En retrospectiva, esa década fuerte, difícil,
brava, pero que supimos capear con cancha y concha, nos preparó
inconscientemente para el zafarrancho que se vendría en los períodos siguientes.
Los ’70, comparados con los dramáticos años que luego nos tocó vivir, sería
como pretender cotejar “La Fiesta Inolvidable” (con el extraordinario humor de Peter
Sellers), vs “El Resplandor” (con el terror supino del maestro Jack Nicholson).
Luego de cincuenta años, en este 2022 que se inicia, período en que con la
gran mayoría de mis “promos”, ingresamos otra vez a “la década de los 70”, constatamos que el camino ha sido largo y a
la vez corto.
Largo, porque llegar a los 70 abriles casi indemnes en este
convulsionado Perú, ha sido un privilegio
divino, es más de una vida, es poder disfrutar por lo menos, de dos
generaciones posteriores; de haber sido hijos, padres y abuelos, es haber
vivido y amado la vida intensamente y sufrir por los que al partir, se llevaron
un pedazo de nuestros corazones.
Y corto, porque los años parecen
pasar a una velocidad inusitada desde hace mucho rato; porque muchas veces nos
faltó tiempo para la familia, para reflexionar, para meditar, para sonreír, para
caminar en algunos bellos atardeceres y agradecer al Universo, a Dios…
Ver el desarrollo familiar nos da un
respiro, alegrías, tranquilidad, la sensación del deber cumplido, pero aún
tenemos algunos proyectos en cartera. Claro, todavía hay objetivos por cumplir
y felizmente nos queda gasolina en el tanque para seguir avanzando en el camino.
Sin embargo, una pregunta que hago
mía y que es la gran interrogante de Zavalita, casualmente desde hace 70 años, en su “Conversación en La
Catedral”: ¿Cuándo se jodió el Perú?, sin
mayor mérito ni respeto, me atrevo a actualizarla y decir ¿Hasta cuándo se
joderá el Perú? Acepto todo tipo de respuestas, aun las que sean pura joda.
J. Fernández/ Mar 2022
No hay comentarios:
Publicar un comentario