miércoles, 23 de marzo de 2022

 

Crónicas Inocuas N° 14

Nuestros Increíbles 70 y “La Década Brava”

Los ’70 marcaron una época para los que, en esos años juveniles, empezábamos estudios superiores, otros a trabajar, luego a “cazarnos” y empezar vidas independientes, por lo que deseo solo darle un marco global a ese período inolvidable para nosotros y cerrar con los otros 70 que estamos empezando.

No fue un inicio auspicioso políticamente hablando, eran épocas del Gobierno Militar, de la prensa amordazada, de Telecentro y los diarios capturados por el Gobierno dizque “Revolucionario”; de los directores de las principales revistas opositoras, exiliados junto a FBT y su “página 11”; del SINAMOS de Leónidas Rodríguez Figueroa; de una “Reforma Agraria” sin pies ni cabeza; de las calcomanías en los automóviles por la falta de combustible; de los hallazgos petroleros en “Trompeteros “, “Pavayacu” y “Capirona”, presagiando que por lo menos seríamos “una segunda Venezuela” (por ahí vamos ahora..); del frustrado concierto de Santana en el Estadio de San Marcos, de las protestas universitarias contra la dictadura y en las que varias veces me salvé por un pelo de terminar en Seguridad del Estado, con una soberana golpiza; de la caída de “Juan Pueblo”, “Juan sin Miedo” y no recuerdo que más epítetos tuvo Velazco. Del endeudamiento elefantiásico por la adquisición de armamento soviético de última generación que hacía presagiar que esta vez agarraríamos a Chile con “los pantalones abajo”, pero todo no pasó de puro “bururú”. La escasez de una red telefónica eficiente y los famosos “rin”, que muchas veces nos eran casi vitales y la sombra de un tsunami económico que empezaba a despertarse, demostraban nuestro clásico baile peruano, “un pasito pa’ delante y dos pa’ trás”. Morales Bermúdez tomó la última posta en una “carrera de caballos y parada de burros”.

También afectó a nuestros juveniles corazones universitarios, el Golpe de Estado de Pinochet, la muerte de Allende en “La Moneda” y de cientos de sus seguidores en el Estadio Nacional de Santiago, en Chile; así como el sangriento Gobierno  de Videla en Argentina. El reverso de la represión triunfante, era la vigencia “revolucionaria” de los “Tupamaros” en Uruguay, que venían sacudiendo el sistema político charrúa desde los ’60, su mitigación demostró que la violencia terrorista no era la mejor alternativa, pero sí un llamado de atención social, desde lo más profundo del pueblo ignorado.

El mundo observó asombrado como, por consecuencia de esa increíble libertad de prensa gringa que destapó el escándalo de Watergate, Richard Nixon salió de la Casa Blanca con una patada en el culo. Bob Woodward y Carl Berstein, ganaron el Pulitzer. Para no creerlo. Y por Perusalen, se haría famosa la frase de Ernesto Galeano: ”Para no ser mudos, hay que empezar por no ser sordos”. Toma, mientras.

Los asesinatos de siete miembros de la Delegación Judía por “Septiembre Negro” en las Olimpiadas de Múnich, nos recordaron el horror de la discriminación y la muerte en los “Campos de Concentración” de Auschwitz, Dublín o Bergen-Belsen; el conflicto árabe-israelí se agudizó cada vez más; las “Brigadas Rojas” que asesinaron al demócrata cristiano Aldo Moro en Italia y la persecución mundial por la Interpol de “Carlos”, el terrorista más buscado del planeta, confirmaba que el mundo nuevamente convulsionaba.

España entró a una nueva era luego de la muerte del Generalísimo Francisco Franco y la ascensión de Juan Carlos I, Idi Amín Dada canibalizaba hasta el poder en Uganda; mientras tanto, los protestantes de Belfast, como los católicos de Dublín no se daban tregua en una matanza fratricida. Era el inicio de otra metástasis casi mundial.

El mundillo intelectual, aplaudía el “boom latinoamericano”, las obras de MVLL, Alfredo Bryce, el Gabo, JR Ribeyro, JL Borges, Ernesto Sábato, JC Onetti y otros eran devoradas por doquier, sobre todo en Europa. Esta vez “sacamos pecho” ante el orbe que aún nos miraban con plumas en la cabeza. Como diría la futura congresista Susy Díaz: “Ya basta no, ya basta”.

“Mafalda aún hacía reír con inteligencia a media América Latina. ¿Y la otra mitad? Seria, muy seria.

La institucionalización de la tecnología computacional en nuestros quehaceres laborales ya se había iniciado y cargar cajas de tarjetas perforadas para su lectura en las enormes computadoras IBM, era cosa de todos los días; mientras, la informática ya iba infiltrándose de a pocos en nuestra vida personal.

Los terremotos del ’70 y ’74, nos sacudieron tanto como la algarabía por la clasificación de nuestra adorada blannquirroja, a México ’70 y Argentina ‘78. La disputa de la Copa Libertadores de América, entre la “U” e Independiente de Avellaneda, marca a nivel de clubs, el alto estándar de nuestro fútbol, siendo el primer equipo peruano que llegó a disputar una final. Nuestras “matadoras” no se quedaban atrás y en esa década obtuvieron cinco campeonatos sudamericanos. Akira Presidente…Akira Presidente…!!

La desintegración de “The Beatles”, nos dolió tanto como no clasificar al Mundial de Alemania y gracias al “Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada”, los tonos eran “de toque a toque”, bailando toda la noche con los LP de Rulli Rendo, de la “Fania All Stars” de Johnny Pacheco, con “Calculadora” y “Miel de Caña” de Óscar De León, o con “Pedro Navaja” y “Plástico” de Rubén Blades. Finalmente, con los eternos valses “Perú Campeón”, “Y se llama Perú”, más que bailarlos los tomábamos a pecho, “seco y volteao”.

La muerte también enlutó la música de nuestros nóveles años, Jimmy Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison líder de “The Doors” y “El Rey”, Elvis Presley, partieron por unas “pasadas de vuelta” bravazas. “El Rock de la Cárcel”, aún sigue sonando fuerte por acá.

El cine también aportó lo suyo y películas emblemáticas como “La Naranja Mecánica”, “El Padrino”, “Patton”, “El Último Tango en París”, “El Gran Jefe”; “Apocalypse Now”, “Chinatown”, “1900” y “Rocky”, son films que hasta ahora son un vicio volverlos a disfrutar. Hace poco fui a ver “El Padrino I” en pantalla grande, en homenaje a los 50 años que cumplía desde su estreno. Al final el público satisfecho otra vez, aplaudió como en él teatro, esta situación solo la viví cuando se estrenó “Zeta” de Costa-Gavras, allá por el ’71. Remember…?

En el celuloide la partida del “eterno vaquero” John Wayne y la súbita e inexplicable muerte del “ídolo del Kung Fu”, Bruce Lee, enlutaron los cines.

La instauración de la Constituyente del ’79 y la muerte de Haya de la Torre, fueron los hechos políticamente trascendentales que marcaron el final de la vertiginosa década setentera. Es, en ese contexto, que nos tocó vivir nuestros “locos años 20”, variopinto periodo que nos impactó a lo largo de nuestro recorrido vivencial.

En ese lapso nos afianzamos como personas, como trabajadores, como cabezas de familia y también como hijos. Es necesario precisar que nuestra base educativa escolar fue una de las últimas que tuvo instrucción, cultura, arte, disciplina y deportes como partes integrantes del Programa Escolar Anual; ése a mi criterio, fue el cimiento que, sumado a la solidez universitaria de la época, nos permitió edificar nuestras actividades académicas, laborales y también, porque no decirlo, afianzó las personales.

En retrospectiva, esa década fuerte, difícil, brava, pero que supimos capear con cancha y concha, nos preparó inconscientemente para el zafarrancho que se vendría en los períodos siguientes. Los ’70, comparados con los dramáticos años que luego nos tocó vivir, sería como pretender cotejar “La Fiesta Inolvidable” (con el extraordinario humor de Peter Sellers), vs “El Resplandor” (con el terror supino del maestro Jack Nicholson).

Luego de cincuenta años, en este 2022 que se inicia, período en que con la gran mayoría de mis “promos”, ingresamos otra vez a “la década de los 70”, constatamos que el camino ha sido largo y a la vez corto.

Largo, porque llegar a los 70 abriles casi indemnes en este convulsionado Perú, ha sido un privilegio divino, es más de una vida, es poder disfrutar por lo menos, de dos generaciones posteriores; de haber sido hijos, padres y abuelos, es haber vivido y amado la vida intensamente y sufrir por los que al partir, se llevaron un pedazo de nuestros corazones.

Y corto, porque los años parecen pasar a una velocidad inusitada desde hace mucho rato; porque muchas veces nos faltó tiempo para la familia, para reflexionar, para meditar, para sonreír, para caminar en algunos bellos atardeceres y agradecer al Universo, a Dios…

Ver el desarrollo familiar nos da un respiro, alegrías, tranquilidad, la sensación del deber cumplido, pero aún tenemos algunos proyectos en cartera. Claro, todavía hay objetivos por cumplir y felizmente nos queda gasolina en el tanque para seguir avanzando en el camino.

Sin embargo, una pregunta que hago mía y que es la gran interrogante de Zavalita, casualmente desde hace 70 años, en su “Conversación en La Catedral”: ¿Cuándo se jodió el Perú?,  sin mayor mérito ni respeto, me atrevo a actualizarla y decir ¿Hasta cuándo se joderá el Perú? Acepto todo tipo de respuestas, aun las que sean pura joda.

 

J. Fernández/ Mar 2022

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