viernes, 10 de abril de 2020

CRÓNICAS INOCUAS Nro. 6

CAÑONAZOS Y PINCELES

Pateaba con la justeza e inusitada potencia de un predestinado, con la noble furia de un ganador; pateaba con el alma, con el corazón, con la vida misma. Pateaba por su Cañete natal de amaneceres dorados, verdes viñedos, blancos algodonales, y mangos de almíbar; pateaba por su querido Perú, de picantes ceviches, sabrosos anticuchos y contundentes tacu-tacus; pateaba por aquellas sonrisas rebosantes de alegría en las tribunas, que eran casi todo su jornal semanal; pateaba por aquel cheque en blanco que nunca aceptó; en fin, pateaba por amor a esa adorada camiseta crema que jamás se pudo sacar de la piel, porque era su piel misma.                  
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Era el estilista del pase justo y elegante, el maestro del cambio de juego imprevisto, casi inusitado; el encarador de toque desequilibrante y garboso. Ojos inteligentes, mirada siempre desafiante y la personalidad de un gigante; todo ello en un físico “justito nomás”. Resultaba muy agradable observar a ese atrevido mozalbete despeinado, apilando rivales  y dibujando fútbol en las canchas, como si aún jugara en el Oratorio Salesiano de Magdalena. Su estilo peculiar, podía compararse a la mezcla de los modales de un gentil palaciego con la picardía de un bardo criollo. Con diecinueve años de talento, la venerable camiseta crema en el pecho y un pincel en la pierna derecha, transformaba el deporte más popular en un arte que regalaba a las tribunas cada domingo en la tarde.
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Antes que finalice el Primer Tiempo del preliminar que disputan Centro Iqueño y Unión Callao, los cuarenta y tres mil ochenta y ocho espectadores, establecieron un nuevo record de asistencia en el nuevo “Estadio Nacional”. Miles quedaron fuera, desilusionados al no poder conseguir el ansiado e histórico boleto.
José Cuesta, entrenador “crema” y Julio César Manisse, entrenador “grone”, se saludan con las manos en alto a la entrada a los camarines.
Es el “Día de Santa Rosa de Lima”, la Guardia Civil también festeja su fecha institucional, motivo por el cual, en el más histórico “Clásico del Fútbol Peruano”, en representación del Presidente del Gabinete y Ministro de Guerra, General Zenón Noriega; su Edecán, el Comandante Matallana, dará el “Play de Honor”.
En Pullman y Palco, dirigentes, periodistas y representantes del Gobierno, comentan las Bodas de Oro Periodísticas que cumple Don Luis Miró Quesada y el estreno del nuevo “Casino de la Policía” -en la Av. Wilson- en el cual, se realizará la primera recepción esa noche.
En las atestadas tribunas populares, los hinchas victorianos aseguran que, hacer jugar a Lolo desde el arranque, es un gran handicap que dará la “U” al Alianza.                      
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En el Boeing de Aerolíneas Peruanas, Marcos Calderón no deja de requintar por la forma en que habían perdido ante Racing en Lima.
- Arrancamos bien con el gol del “Loco” y después, cojudamente, nos ganaron el vivo. Dos “ollazos” y nos jodieron. Se repetía carajeando una y otra vez. A su lado,  Alejandro Heredia, “brazo derecho” del “Oso”,  trata de tranquilizarlo.
Asientos atrás, mientras otros compañeros descansan, Roberto se pregunta:
- ¿Cómo mierda no entraron esas dos pelotas!!!?. Se molesta consigo mismo,  recordando que en el segundo tiempo, Angelito y el “Colorado” erraron los remates finales, solos, frente al arquero de “La Academia”.
José Fernández, sobrino de Lolo; back central con mil batallas en su haber y compañero de asiento del novel “número 8”, sonríe en silencio, observando la vivaz intranquilidad de aquel “chico-viejo” y como si leyera sus pensamientos, agregando más ají en la herida,  le dice:
- Y además, no cobraron ese tremendo penal al “Calato”…..
- Perfumo se cree un bacán, pero lo voy a buscar, acuérdate “Joché”, responde Roberto,      apretando fuertemente los brazos del asiento, mientras
 por la ventanilla, observa el cielo    nublado que cubre la capital argentina.
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- Toto, ¿a quién apostó en la novena..?. Pregunta el golero Dimas Zegarra.
- Al favorito, “Valiente”. En la dupleta fui al “golpe”; ya ganó “Capri” en la base y tengo a “Chato” en el muere; si gana y el Clásico es nuestro, pago el chifa. Respondió el erudito, mientras releía el semanario “Para Todo el Mundo”.
- Lolo.... Lolo !!!.....¿y donde están los “Fernández Hermanos...de Melchormalo 347”?. Dijo el “Loco” Da Silva, impostando un conocido comercial radial y refiriéndose evidentemente a Lolín y Arturo.
- Nos despedimos en la cuatro, están en “Baja”, con Casimiro. No quisieron venir al camarín. Contestó lacónico el delantero.
- Maestro, cambie de cara, que si ganamos, he traído un “Americano Gancia” para celebrar. Dijo Toto Terry, mientras se peinaba por quinta vez y ensayaba frente al espejo, una mirada al estilo Errol Flint.
- Total, luego del festejo......dos píldoras “De Witt”, una “Sal de Uvas Picot” y “quedamos como cuete”, agregó “Monín” Castro, sonriendo, mientras se sujetaba el vendaje del talón derecho.
Abandonando súbitamente la melancolía que lo tenía prisionero, el “número 9” más famoso del fútbol peruano dijo de imprevisto:
- Más bien, si ganamos y meto un gol; el martes les preparo un Lomito Saltado y su Manjar-blanco.
Todos vivan y aplauden el ofrecimiento, mientras observan con afecto y cierta ternura, como el veterano cañetano, terminaba de enfundarse la camiseta crema, oficialmente, por última vez.                          
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-¡¡¡¡Pacorita apúrate que me muero de frío carajo!!!..Grita el Cholo Pedro Gonzáles, al mismo tiempo que se cubre con una gruesa frazada. El sonido de los pasos apresurados del eficiente utilero, se incrementan con el eco del congelado camarín.
El termómetro en la capital del tango, marca –1°C. Hace más de 25 años que no se siente tanto frío en Buenos Aires.
El Dr. Miguel Carbone, ya había indicado que a los jugadores cremas se les haga masajes con “Dencorub”; luego se les aplique una capa de grasa en el cuerpo y finalmente salgan al campo de juego con dos gruesas casaquillas.
Marcos hizo sonar las palmas y con la ronca y profunda voz que caracteriza al “Chueco”, ordena:
-Ya carajo, saltando, saltando, soltando músculos, no paren de moverse sino se congelan como unos cojudos. Ya saben todos como pararse frente a esos pendejos !!!. Se nos va ha venir encima, hay que aguantar con fuerza.....¡¡ No quiero que se repitan las fallas de Lima !!; “Chumpi” toma a Raffo y Lucho a Rodríguez. El “Colorao” a Rulli. Cuando tengamos la pelota: toquen y toquen, déjenlos que se desesperen y lanzan el pase largo al “Loco” o Ángel. No quiero expulsados Roberto, carajo !!!!.
El “Chato” Heredia los apura:
- Vamos  a ganar muchachos !!; a moverse, no paren; otra vez a poner la “Garra Crema” en el campo; que sepan de una vez que lo de River no fue “champa”. Acuérdense de Lolo, carajo!!. Vamos PERUUUUÚ!!!!!....                                        
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El brillo de aquel sorpresivo sol limeño de ese último domingo de agosto, se reflejó en el botín que ya había despedido el bombazo demoledor, terrible, inatajable. El balón -ahora ovalado por la potencia del impulso- se dirigía imparable, una vez más, a su eterno nido, las redes del arco aliancista.
El joven estadio retumbó más fuerte que nunca por la algarabía incontenible de la multitud. Mientras el griterío y los aplausos continúan en las tribunas, las felicitaciones de sus compañeros se transforman en casi una pirámide sobre el “cañonero”.
El ídolo, agradece en silencio a Diosito lindo por todos los años de gloria vividos; por su última actuación oficial con la casaca merengue; por este cuarto gol del equipo de sus amores -el tercero de su cuenta personal y el último gol de su vida- justamente frente al clásico rival. Es el 30 de Agosto de 1953. Casi ayer.
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El dolor que sentía en la rodilla izquierda el cerebral mediocampista, adquirido gracias a un alevoso golpe que -otra vez- el árbitro no quiso ver, le molestaba menos que las miles de agujas que se le clavaban en el pecho al respirar ese aire congelado, gélido, de aquella terrible e inolvidable noche bonaerense. Hacía tanto frío que el aliento no solo se podía ver, sino hasta tocar.    
El juez brasileño lo apura en forma despectiva y aquellos ojos juveniles le reclaman con altanería y desafío. Los argentinos no pueden contener su desesperación por el empate que les esta arrancando ese “equipito de cholos”, que hace 24 horas le ganó a River en Núñez; sin embargo, lo que no sabían los de Avellaneda, es que -esa noche- esos muchachos peruanos, les darían el disgusto de su vida........ Es el 15 de junio de 1967.  Ayer.   
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El coro multitudinario repite incansable, una y otra vez, ¡¡LOLO!! ¡¡LOLO!! ¡¡LOLO!!. El artillero de la redecilla, sigue confundido en un abrazo eterno con el Toto, Juanito Castro, el “Loco” Rovay y Osorio -el veloz wing que le había colocado el pase preciso para el cañonazo. El “Mariscal” Da Silva, agitando las manos, incentiva a las tribunas y “La Lora” Gutiérrez, sacando el balón del arco rival, lo besa. Corren los 39 minutos del Segundo Tiempo y el “Clásico del Siglo” ya esta definido.
El Cholo Paredes, Cornelio, el “Feo” Salinas, “Huacky” y Guillermo Delgado -el Capitán “grone”- observan resignados la escena.  Al retornar al centro del campo con la cabeza gacha, el goleador de diez campeonatos nacionales, no puede contener una lágrima, la que no por azar, termina su recorrido en el centro de la insignia que tenía sobre el pecho, la cual, permaneció con él hasta después de su muerte.             
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El juvenil back, reventó la pelota hacia las tribunas y su botín casi rozó la cara de Nolberto Raffo. La sonora pifia de la hinchada local que, en su mayoría, se ha ubicado nuevamente detrás del pórtico crema, se hizo más intensa.
- Hey Lucho!!, carajo!!, tranquilo nomás!!. Tócala abajo..-gritó una cara de niño, llena de coraje y conchudez, al defensor que, en un futuro cercano, lo llamarían “El Príncipe”.
Roberto, se le acerca al chico con el que debutó en el equipo de sus amores y le dice casi en el oído:
-   Cholo, no la vayas a cagar de nuevo, Perfumo no vuelve a fallar otro penal y ahí si que nos jodemos!!....Y señalando a un costado de la tribuna norte, concluye:
-   Te juro por esa bandera que ves allí, que a éstos huevones también les ganamos.
Un grupo de casi quinientos jóvenes peruanos, en su gran mayoría, estudiantes universitarios, arropados y muertos de frío, agitan una gran bandera rojiblanca, más que por patriotismo, por mantenerse en calor.
El defensor, de rostro sudoroso y pelo lacio, sonríe retomando confianza y le da un palmazo cómplice a su también sonriente compañero.
- Vamos carajo!!!, vamos!!!.
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Al escuchar el pitazo final del inglés Charles Mackenna, el ídolo dirigió la mirada a su monumental entorno por última vez. Como si tuviera todo el tiempo del mundo, en segundos recordó sus inicios en la inolvidable Hualcará de su infancia; las tribunas no dejan de aplaudirlo. Mirando el verde escenario, vino a su mente que hace ocho años y pico -en el antiguo estadio- le encajó cinco goles a Rodríguez, portero del Racing Club de Argentina. Pero eso ya era historia, como este partido y ahora todos corrían a abrazarlo y felicitarlo.
De pronto, se siente casi en vilo y es que se encuentra sobre los hombros de un hincha furibundo; las tribunas incrementan sus ovaciones; levanta la vista para ubicar a Arturo, Lolín y Casimiro -su pata del alma- recuerda a su hermano Custodio y la emoción invade su corazón y nubla sus ojos. El veterano goleador, entre compañeros, rivales, hinchas y periodistas, inicia su última vuelta olímpica siempre con la cabeza gacha.                                       
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Los cinco mil hinchas bonaerenses que han acudido al estadio -luchando contra el intenso frío- aún continúan aclamando el zapatazo del “Bota” Maschio que, al ser desviado por Nicolás Fuentes, se introdujo en el pórtico crema. “El Cordobés” se quiere morir de rabia. Roberto, sin ningún reproche, lleva el balón al centro del campo apurando el reinicio del partido.
J.J. Pizzuti, a gritos indica a su defensa que ahora, “ajusten” las marcas.
En la banca merengue, Marcos, Heredia, José, Percy, Cuellar y Arguedas -entre bufandas y frazadas- gritan a los once, que “se vayan arriba”, al “todo o nada”. Faltan escasos 14 minutos para la finalización del encuentro.
Los peruanos “inclinan la cancha” y Rubén Correa, fuera de su área arenga a sus compañeros; faltan 6 minutos para el término del match y “Chumpi” en el círculo central, levanta la cabeza para definir al próximo destinatario del balón. El “Panadero” Díaz se le pega al “Calato”; Perfumo no suelta a Casaretto y Basile jalonea a Uribe.
Roberto, casi saliendo del área rival la pide a Héctor; el pase viene justo y Challe al ver la proximidad de Rulli, la toca casi de espaldas a Cruzado; el “Colorado” desacomoda a Mori y de taco devuelve la “pared”; Roberto ya está dentro del área; Perfumo trata de cortar la jugada, pero el  “Loco” lo estorba, Cejas intenta el achique cuando, con la frialdad de un veterano y la inteligencia de un eximio del balón, Roberto -con la pierna que más domina, eleva el esférico suavemente  hacia el ángulo izquierdo del arco gaucho. La inútil estirada del portero, solamente le da más realce al gol peruano.
-¡¡¡Gooooooolll Carajo!!!!!.....¡¡¡¡Goooooooollll !!!..PERÚ!!!...PERÚ!!!..PERÚ!!!!..         Gritan enloquecidos los escasos barristas peruanos.
-¡¡¡A ver a quién le vas a ganar huevón..a quién..!!! - le grita encorajinado el cerebral mediocampista al internacional back argentino, originando que se desate un conato de bronca. Mientras en la cancha reinan los empujones, cachetazos y codazos, en la banca peruana, las frazadas y bufandas vuelan por los aires y estalla la alegría, así como en casi todo el país, prendido de las ondas de “Ovación“ y “Pregón Deportivo”.                                          
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Las graderías tributan su homenaje al ejemplar deportista -como a los grandes toros de lidia luego de una espectacular faena- agitando pañuelos blancos; acción que, graciosamente, en la celebración oficial nocturna realizada en el nuevo “Casino de la Policía”,  generó una masiva descomposición estomacal en los representantes del Gobierno Odriísta.
Al pasar por la Tribuna Oriente, el símbolo merengue -haciendo caso omiso a las lágrimas de hombre que pueblan sus mejillas- levanta la mirada y el brazo derecho, en gesto de agradecimiento y de adiós a la hinchada “crema”, percibiendo que no es el único que tiene los ojos húmedos y las mejillas  mojadas. Diosito lindo, gracias de nuevo; Santa Rosita, bendice a toda esta gente buena. En esos instantes, piensa en sus hijos, Lolito y Elvirita; la interminable ovación se le graba en el alma.
Y en el tramo final de la vuelta inolvidable, “la leyenda” recuerda que su primer gol, en un partido oficial, fue un 30 de Agosto de hace treinta años, con las sedas de su querido “Huracán de Hualcará”. También un 30 de Agosto de hace veintitrés años, jugaba su primer partido oficial por la “U”, frente al Magallanes de Chile y marcaba el único gol del match y hoy, también 30 de Agosto, había marcado tres goles en su despedida del fútbol. Un gol por cada aniversario. Gracias Santa Rosita linda......
Teodoro Oswaldo Fernández Meyzán, 40 años, simplemente LOLO, ingresa por última vez como jugador de fútbol al túnel que conduce al vestuario crema y las graderías continuarán coreando atronadoramente su nombre por mucho tiempo más......¡¡LOLO!!..¡¡LOLO!!...¡¡LOLO!!...¡¡LOLO!!......
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Otro foul descalificador de Basile, deja a Lucho La Fuente, retorciéndose de dolor.  Challe, Casaretto y “Kilo” Lobatón -de cumpleaños ese día- reclaman al brasileño que, apurando la ejecución del tiro libre, cada vez parece más ciego y sordo a las protestas de los peruanos.
Faltan tres minutos para cumplir los noventa reglamentarios. “Chumpi” acomoda el balón en el lugar de la falta -a escasos metros de la línea central - apenas donde empieza el campo adversario. Héctor retrocede y la punta de su botín derecho, cual bravío toro iniciando la embestida, hinca el césped reiteradamente. Los argentinos aprietan a los delanteros peruanos esperando el “centro” del back; sin embargo, los cremas al percibir la intención de su compañero, se mueven de tal manera que al jalar sus marcas, dejan el espacio justo para que Héctor intente la gloria.
El potentísimo shot sorprende a los gauchos, en especial a Mario Agustín Cejas, próximo arquero titular del seleccionado argentino, el cual, en felina reacción, se lanza a su ángulo izquierdo, tratando de bloquear el tiro rasante que tenía su red como destino. En esos instantes, Víctor Calatayud -el puntero de “La Puñalada”- le saca un par de metros al “Panadero” Díaz, se interna en el área argentina y toma el rebote originado por el espectacular bloqueo del portero; el “Calato”, en una jugada que parece eterna, amaga un remate, “pica” el esférico sobre el cuerpo de Cejas y escribe una de las páginas más gloriosas del Club “Universitario de Deportes” y del fútbol peruano.
En Avellaneda, la algarabía de quinientos hinchas peruanos se escuchó en toda Argentina.  
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El abrazo con Plácido Galindo fue la última gran emoción de la tarde. Entrelazados hasta en sus recuerdos, parecían volver al día en que, jugando por el Colegio “Residencia de Estudiantes”, el galeno observó por primera vez al mejor proyecto que había visto y decidió llevarlo a la “U”.
- Gracias por todo Don Plácido, usted también fue mi primer maestro.
- Gracias a ti Lolo; el Perú te debe momentos inolvidables y que pasarán a la historia del fútbol nacional...
Luego, todo pasa como una vorágine; las felicitaciones en el atestado camarín; los hurras por la “U” y Lolo; las entrevistas de los reporteros; las invitaciones de todos y en medio de ello, el ex jugador crema, divisa al “Loco” Rovay y acercándosele le dice:
- Dante, ¿tu hermano ha venido a recogerte? Si?..., por favor, ¿pueden llevarme a casa?. Sabes, la familia me está esperando para celebrar con una comidita casera...
- ¡¡Provecho Maestro!!. No faltaba más, hoy a usted no se le puede negar nada, menos si le debemos el triunfo. Cámbiese tranquilo, que lo esperamos todo el tiempo que quiera.
El Toto ya había organizado el grupo que daría buen fin al “Americano Gancia” y luego, en un chifa cercano, redondearían la celebración por el triunfo, por los goles de Lolo y por la “dupleta” ganadora.
Ya con saco y corbata, Lolo sale por el túnel y el nublado atardecer limeño, hace ver más solas las colosales tribunas; sin embargo, para el ídolo, los aplausos y las ovaciones parecían impregnadas en las solitarias graderías. Suspira, se persigna agradeciendo nuevamente a Dios y sonríe plenamente por primera vez en el día.  Se siente libre, contento y juvenil. Se va silbando alegremente “Te for Two”, en busca del “Loco” Rovay.
Rumbo a la calle Bolognesi, en el cómodo “Studebeker  Commander”, Dante ubica en el dial, las ondas de “Radio El Sol” y escuchando el “Noticiero Panagra”, se enteran que la noticia principal es la despedida del “Cañonero” y sus tres goles en un “Clásico para la Historia..........”.  Ambos camaradas sonríen y aplauden.
-¡¡Ganamos Lolo....Ganamos Carajo !!!...
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A pesar de la alegría que desborda la muchachada “crema” en el viaje de vuelta, Marcos duerme plácidamente, como si ni una mosca zumbara en su entorno. El “Chato” Heredia, siempre a su lado, relee los diarios bonaerenses, que titulaban el triunfo de los peruanos: “En 48 horas, la U tumbó a River y Racing”, pregonaba “La Razón”; “La  U peruana sorprendió a todos: Challe le ganó a Perfumo”, se leía en el “Clarín”.
- Lucho, hoy nada de festejos, porque mañana te enyesamos. Le indica muy serio el Doctor Carbone, al back que tiene vendada la pierna derecha y no puede caminar sin ayuda.
- Ese Basile pega durísimo, replica Lucho La Fuente, con un gesto que parece sentir nuevamente los golpes recibidos en el partido.
- Oye negro, antes de celebrar tu “santoyo”, apréndete el himno para que lo cantes bien la próxima y no nos hagas pasar papelones en el extranjero. Dice entre carcajadas el “Loco” Casaretto al buen “Kilo”, el cual acepta con resignación la broma, entre las risas de sus compañeros.
- “Chumpi y Percy deben seguir dormidos todavía en el hotel, ojalá los “chés” no los hagan “pagar el pato”. Dice riéndose Angel Uribe.
- Hablando de dormidos...don Rafael, don Rafael, no se haga el dormido que ya estamos llegando a Lima. Acuérdese de que nos prometió doble premio y que pagaba “calientito” apenas aterrizábamos. Casi grita Roberto, ante el festejo de todos; mientras, don Rafael Quiroz, Presidente de la “U”, solamente atina a sonreír cómplicemente.
- “Colorado”, ¿vamos a vermouth el domingo?, estrenan “Arizona Colt” con “Ringo Wood”. Propone el “Calato”, mientras, Lucho Cruzado esboza una sonrisa aprobatoria.
- Hablando de “chelis”, mi “gila” quiere que la lleve a ver “Cuándo tú no estás”, yo quiero ver “Psicosis”, pero como es fanática de Raphael y la dan en el “Brasil”, seguro que mañana la tengo que llevar. Reflexiona solitariamente el “número 8”, resignado y guiñando pícaramente un ojo a una hermosa Fly-Hostess.
De pronto, “El Cordobés”, empieza a tronar las clásicas palmadas cremas y todos, pasajeros y tripulantes, al unísono, lo acompañan. El coro de “Y dale U..Y dale U”...Y dale “U”, se escucha ese mediodía hasta en el cielo.
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Lolo, sortea ágilmente y como en sus mejores tiempos, a cientos de hinchas en el flamante Aeropuerto Internacional “Jorge Chávez”; algunos policías y controladores lo reconocían y le daban pase libre. 
Mientras, la delegación crema desciende de la nave. El “Chico-Viejo” -al pié de la escalinata- agradece apresurado los saludos del Edecán del Presidente Belaúnde; de Don Víctor Nagaro, Presidente del Comité Nacional de Deportes y del Alcalde de Breña. Fugazmente, se deja apretar las manos y palmotear las espaldas por los dirigentes cremas, que también se han congregado para saludar a los triunfadores.
El ex cañonero, divisa al atrevido jugador y Roberto, abriéndose paso entre saludos, vivas y empujones, se funde en un emocionado abrazo con el ídolo de todos los tiempos. Entre sonrisas y con un afectuoso apretón de manos, Challe le dice:
- Profe, el triunfo se lo hemos dedicado especialmente a usted, que le metió cinco “pepas” a ellos acá; ahora nos tocaba a nosotros ganarles allá. No se imagina cómo les ha dolido...
- Roberto, hijo, no sabes la emoción que he sentido mientras escuchaba el partido. Esas dos “pepas” valen más que aquellas cinco de hace 22 años. Estamos orgullosos de ustedes; voy a felicitar a todos los muchachos; la camiseta crema está en magníficas manos. Replicó el ex goleador merengue.
- Maestro, gracias por venir a recibirnos. Su ejemplo es el más grande incentivo que puede tener un jugador crema...Y ¿cuándo nos tomamos unas “cervantes” para celebrar??!!!  -complementó el pícaro medio-campista, al mismo tiempo que era arranchado por un grupo de fanáticos merengues.
Lolo, sonrió con nostalgia al sentirse aún reconocido por la gente. Lo saludan y gritan su nombre; pero todos quieren ahora estar cerca de los nuevos héroes, que cargados en hombros por los hinchas y con una inmensa corte de seguidores, salían del aeropuerto limeño.
Teodoro Fernández Meyzán, trabajador de la Aduana del Callao, cincuenta y cuatro años a cuestas, historia viva del fútbol nacional, titular eterno de “La Selección Peruana de Todos los Tiempos” y símbolo de la “Garra Crema”, se da cuenta que .......¡¡se muere de hambre!!.
- Vamos, es el momento de estos chicos buenos, realmente BUENOS !!. Ya habrá tiempo para conversar con ellos..... Reflexiona, apurado por las voces apremiantes que salen de su abdomen.
- “Tranquilo chino” que ahorita te atiendo; ¿qué te invito?... Un ”Tacu-Tacu” con su “sábana” ......¿o un Lomito Saltado con su arroz bien graneadito y su cervecita negra?. Escoge que ya voy en camino. Se dijo a sí mismo, mientras salía lentamente del terminal aéreo, con la cabeza gacha.


Pepe Fernández

junio 07 de 1997

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