viernes, 10 de abril de 2020

CRÓNICAS INOCUAS Nro.3


CHIQUITA BRAVA



Siempre tensa y apurada –“con el corazón en la boca y......de las madres que ya no hay”- como dice ella. Los músculos alertas; la mirada desafiante y el mentón erguido. No piensa. Ya pensó. Guapachosa y brava la chiquita, siempre muy altiva dentro del pulcro mandil blanco de Hospital.

No conoció a su madre, porque a Natalia –la dama de la mirada triste- se la arrebató una maldita pulmonía, cuando ella aún reclamaba su seno vital.
Muchas veces la soñó desesperadamente, tratando de arrancarle a la visión el rostro que jamás pudo recordar. Sin embargo, en el espejo, los ojos de Natalia siempre la miraron.
De su infancia recuerda el amor de Don Manuel –padre y madre para todos; la férrea disciplina de Florencia; los golpes de trompo del “Pelón”; la complicidad de Irma y Norka y la dulce melancolía de su Romulito.

Ya de muy pequeña, lideraba grupos en los que siempre había varoncitos. El “Pelón”, le enseñó las “llaves” de “Cachascán” que conocía y ella, las puso en práctica todas.

La adolescencia la sorprendió con un trompo en la derecha y  una muñeca en la izquierda. Ya no solo sería la “noviecita” de Don Manuel, de un flaquito de barrio se había enamorado.
Y como los chicos crecen y se quieren, una fuga al estilo medieval y una amenaza shakesperiana, terminaron por ablandarle el tozudo corazón al viejo italiano.

Un otoñal día de Abril, la casa de Magdalena del Mar recibió a los recién casados. 
El piensa: seremos felices. 
Ella piensa: voy a quemar el Estadio. 
Don Manuel, piensa en cómo lo convencieron. 
Doña Aída, casi murmurando, eleva un ruego –ayuda a mi hijo Dios mío !.

Entre amor y estrecheces; desalientos y esperanzas; arrebatos y disputas; logros y conquistas; cuartelazos y clandestinos, de dos fueron cinco.
Fue Madre primero que todo, así, con mayúsculas; les dio a sus hijos el amor que a ella el destino le negó. Claro, que ello no la exceptuaba -cuando la situación superaba los límites permisibles- de darles unas “buenas tandas” a sus engreídos. Mamáaaaaa.... !!!!.

El corazón de aquella “hormiguita” incansable se partió para siempre el día que la muerte le arrebatara al único hombre de su vida.
Pero como la valentía y el coraje siempre fueron sus emblemas, se tragó su dolor infinito y se entregó en cuerpo y alma a  su trabajo, sus hijos y al nieto adorado.
Veintisiete años de su vida enfundada dentro del pulcro mandil de Hospital finiquitaron con unas flores, dos almuerzos y una placa. Muá y muá. Chau Elena, felicidades. Carajo, cosas de la vida ¿no?

Pero Dios la había elegido como receptora del sufrimiento de otros que viven sin agradecer cada día y ríen sin saber porque; además, estoy seguro, que en esa época, en el cielo debió haber una enorme escasez de ángeles y el Padre Eterno decidió recuperar prontamente a uno de sus preferidos. Y el corazón de la “China”  ya no podía más......sin embargo, luego de años de lucha contra el dolor inconsolable y el deseo de abandonarse; apelando a esa titánica fuerza interior..... pudo.

Fue una venerable enamorada de la vida, incansable a sus 75 años, seguía tan vital como en su madurez, tanto que a veces había que rogarle que baje el ritmo. Luchó contra los embates del tiempo con un ahínco envidiable, ejemplar y aún trataba de proteger a sus hijos cual gallina a sus pollitos.

Hoy, a sus 86 años, sus hermanos han partido y solo los ve en sus recuerdos. Sus fuerzas han menguado súbita y considerablemente. Su mirada vivaz ahora es opacada por el tiempo inexorable; su caminar dubitativo e inseguro, le ha jugado varias veces en contra y muy seriamente; su percepción sonora ha decrecido mucho y por ello vive casi siempre en su mundo interior. Sin embargo, cuando rozo su mejilla con un beso, la miro a los ojos y le digo desde lo más profundo de mi corazón: “Te amo madrecita linda”, sus ojitos parecen iluminarse, brillar de nuevo, sonríe complicemente, mientras me estruja la mano con la suya y me dice con su voz apagada, pero llena de trinos: “Y yo a ti, hijito de mi corazón”. Quizás su cuerpo se ha deteriorado mucho y el raciocinio lógico ya no es el mismo, pero sus sentimientos y afectos siguen tan prístinos como desde el inicio de los tiempos. Me olvidaba agregar que aún mantiene esa terquedad a prueba de balas y misiles. Su toque distintivo sigue aún vigente e implacable.

Hoy, la casa que la albergó los últimos 30 años, su casa, nuestra casa, está sola, totalmente sola por primera vez y así la recorrí completamente, con el alma rota al ver en cada rincón vacío, los hermosos momentos allí vividos. En las últimas décadas, la casa era el punto de concentración de hijos, nietos, sobrinos, tíos y familiares. El “Golpeao” de a 20 céntimos fue el estelar de muchas noches, siendo ella, una de las partícipes más entusiastas. La última, hace solo unos meses.

Gracias por todo “China”, Madre Adorada, los que te amamos, aún estamos junto a ti, esperando captar –aunque sea por un instante- tu mirada amorosa y llena de luz, esperamos que por mucho tiempo más.

Elenita,  jamás te olvidaremos, siempre  has sido un ejemplo de amor a la familia y a la vida ....es decir, a DIOS.

Pepe Fernández
Marzo 2012

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