Siempre paras en la Luna
Luego que el panelista de Panamericana TV, tradujo las palabras de Amstrong:
- "Houston, aquí Base Tranquilidad, El Águila ha alunizado", el silencio que se originó en el comedor, fue roto por las sandalias apresuradas de mi tía Irma, que se dirigían a la ventana que daba al patio. Ya en el borde, se inclinó buscando mirar hacia el brillante satélite, como queriendo confirmar visualmente el célebre alunizaje. Mientras, mi madre servía chocolate, preparado especialmente para celebrar el acontecimiento. Mi padre, mis tíos y yo continuábamos mudos, estáticos, solamente el humo de sus cigarrillos bailoteaban en el aire.
- "Houston, aquí Base Tranquilidad, El Águila ha alunizado", el silencio que se originó en el comedor, fue roto por las sandalias apresuradas de mi tía Irma, que se dirigían a la ventana que daba al patio. Ya en el borde, se inclinó buscando mirar hacia el brillante satélite, como queriendo confirmar visualmente el célebre alunizaje. Mientras, mi madre servía chocolate, preparado especialmente para celebrar el acontecimiento. Mi padre, mis tíos y yo continuábamos mudos, estáticos, solamente el humo de sus cigarrillos bailoteaban en el aire.
Mi tía volvía sobre sus pasos diciendo -Dios nos va ha castigar, algo malo va
ha pasar, jamás debieron haber hecho eso!!!- su voz trémula traslucía su
sincero temor frente a un acontecimiento casi incomprensible para sus
anquilosados 43 años.
Se me ocurrió pensar -me perdí el descubrimiento de América, pero El
Primer Viaje del Hombre a la Luna lo he visto en vivo y en directo, increíble
carajo-. Mis 17 años estaban asombrados del tremendo salto que, con ese primer paso,
había dado Armstrong y la humanidad.
-Carajo, que tales jijunagranputas habían resultado estos
gringos-, tronó la voz de mi tío Raymundo, con un dejo de incredulidad,
violando bruscamente, el silencio que nos habíamos impuesto.
-Creo que nos están cojudeando y todo esto es un montaje de película-
concluyó mi tío Rómulo, mientras mi tía Irma asentía nerviosamente con la
cabeza.
La discusión que a continuación se desató al respecto, me pareció un
pecado de lesa ignorancia y poniéndome de pié para retirarme, casi indignado,
sentencié:
-Lo que el hombre puede pensar e imaginar, el hombre lo puede realizar.
Todos me dirigieron una mirada estúpida.
-Hijo, no digas cojudeces- me dijo mi viejo, indicándome con la mirada el
camino a mi habitación.
Felizmente, W. Clement Stone, notable impulsador de la época y autor de
aquel pensamiento que expresé con impostación de senador romano, nunca se
enteró de la opinión de mi viejo al respecto.
Fui a mi cuarto, me tendí en la cama a continuar saboreando la fantasía
hecha realidad. En los días venideros, aún había mucha aventura por degustar. Momentos
que, como entenderán, aún recuerdo y disfruto a plenitud.
Salud, Capitán Kirk.
Señor Spock, impulsadores a máxima potencia, el viaje….ha comenzado !!.
Pepe Fernández
Mayo 17 del 2000
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